
Si cierras los ojos en un lugar tranquilo comenzarás a sentir la cadencia de tu respiración, los latidos de tu corazón, el pulso en tus muñecas. Todos esos fenómenos vienen a decir que estás vivo, pero son también un ejemplo de energía desaprovechada. En un mundo perfecto, el cuerpo humano podría convertirse en una fuente de energía renovable en la que la respiración, el latido del corazón y hasta el flujo de la sangre por las arterias podría ser aprovechada por diminutas centrales eléctricas. Desde hace años, científicos de todo el mundo ya trabajan en la construcción de esas centrales, usando materiales especiales que, en ocasiones, se reducen a dimensiones nanométricas. El objetivo, dicen, es crear una nueva generación de dispositivos que puedan usar la energía del cuerpo para alimentar marcapasos, sistemas de alerta para diabéticos y muchos otros dispositivos que medirían las constantes vitales en tiempo real sin usar más electricidad que la que se pueda extraer de nuestro movimiento o el de nuestros órganos.